Seguimos compartiendo la serie de catequesis sobre el discernimiento que nos legó el Papa Francisco. En esta octava entrega, pronunciada el 16 de noviembre de 2022, el Papa profundiza en el sentido de la desolación y nos ayuda a comprender por qué esta experiencia también puede favorecer nuestro crecimiento espiritual.
Aunque solemos identificar la tristeza, la insatisfacción o la inquietud con algo exclusivamente negativo, Francisco nos invita a descubrir que pueden sacudir nuestra alma, despertarnos y ayudarnos a entrar en contacto con el centro de nuestra existencia. Una serenidad indiferente, que evita involucrarse o sufrir, no es señal de madurez: necesitamos aprender a reconocer y habitar nuestros sentimientos.
La desolación es también una invitación a la gratuidad, a no actuar siempre y solo en vista de una gratificación emotiva.
La desolación puede purificar nuestra relación con Dios y con los demás. Nos enseña a no acercarnos únicamente para obtener favores, respuestas o consuelos, sino por el deseo gratuito de estar juntos. Así como aprendemos a amar a nuestros padres y amigos por quienes son, también podemos descubrir la belleza de permanecer con el Señor y preguntarle sencillamente: «¿Cómo estás?».
La vida espiritual, recuerda el Papa, no es una técnica de bienestar ni un programa que podamos controlar. Es una relación con el Dios vivo y, por eso, sus frutos no siempre coinciden con nuestros estados de ánimo. En ocasiones, aquello que antes nos entusiasmaba deja de decirnos algo; mientras que una palabra, un encuentro o incluso la experiencia de la cruz pueden regalarnos inesperadamente una paz profunda.
Por eso, cuando llegue la desolación, no debemos huir ni abandonar la oración. Es el momento de perseverar, buscar el corazón de Cristo y desenmascarar la voz que intenta desanimarnos. Incluso cuando no sentimos nada y todo parece oscuro, seguir buscando al Señor puede conducirnos hacia una fe más libre, madura y verdadera.
¿Estás atravesando un tiempo en el que la oración, el servicio o alguna responsabilidad han perdido su gratificación? Tal vez la desolación no te esté invitando a abandonar, sino a descubrir por qué permaneces, a quién buscas y qué significa amar cuando no recibes nada a cambio.


