Estar en el Congreso de Educación Religiosa es siempre una experiencia enriquecedora, como les mencioné en mi última publicación. Esta vez quiero compartirles algo que me apasiona profundamente: la humildad cultural.
Todo comenzó en mi facultad de teología, justo antes de la pandemia, cuando me asignaron un curso de cinco clases sobre competencias interculturales. Recuerdo perfectamente el día en que me entregaron un libro de USCB y me invitaron a preparar esas cinco sesiones.
Al principio, fue algo abrumador e incluso frustrante. Me inquietaba sentir que, de cierta forma, se encasillaba a los teólogos hispanos únicamente en el ámbito cultural, dejando de lado la riqueza teológica que surge de la experiencia pastoral. Me preocupaba que esta limitación pasara por alto la profundidad de nuestra reflexión teológica, que justamente se alimenta de la vida y la pastoral en nuestras comunidades.
Durante un semestre impartí el curso siguiendo los temas tradicionales: la cultura como un iceberg, los choques culturales y otros conceptos habituales. Sin embargo, algo no terminaba de encajar. Fue entonces cuando, al revisar mis notas e investigar un poco más allá de lo necesario, descubrí el concepto de humildad cultural, una idea que me resultó totalmente nueva.
Me sorprendió gratamente que una noción tan cristiana como la humildad se abordara desde un entorno secular. En un país tan multicultural como Estados Unidos, hablar únicamente de competencias interculturales se queda corto. Esa idea sugiere que hay «expertos» capaces de navegar entre culturas de forma casi automática, ¡y eso simplemente no es cierto!
La multiculturalidad solo garantiza la coexistencia, no la interacción. Y aquí radica el verdadero desafío, especialmente para nuestras comunidades de fe.
Por esta razón, en mi charla durante el Congreso, quise compartir esta visión junto con el material que preparé.
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Espero que esta reflexión les sea útil y que juntos sigamos construyendo puentes de entendimiento y respeto mutuo. Muchas gracias por acompañarme en este espacio. No olviden suscribirse para estar al tanto de las próximas reflexiones y, por favor, anímense a dejar sus comentarios. ¡Sus palabras me inspiran a seguir compartiendo este camino con ustedes!
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