Seguimos compartiendo la serie de catequesis sobre el discernimiento que nos legó el Papa Francisco. En esta séptima entrega, pronunciada el 26 de octubre de 2022, el Santo Padre aborda una realidad que todos experimentamos, pero que muchas veces no sabemos comprender espiritualmente: la desolación.
Frente a la tristeza, el cansancio interior, la turbación o esa sensación de lejanía de Dios, solemos querer salir rápido, evitarla o ignorarla. Sin embargo, el Papa nos invita a escucharla con atención, sin miedo. En la tradición espiritual, la desolación no es ausencia de Dios, sino a menudo una oportunidad para descubrir sus huellas más profundas en nosotros.
El problema es cómo poder leerla, porque también esta tiene algo importante que decirnos
Francisco nos recuerda que estas experiencias no deben vivirse con culpa ni desesperación, sino con lucidez y acompañamiento. La desolación puede advertirnos de caminos equivocados, alertarnos sobre nuestras decisiones o manifestar un deseo profundo de conversión.
Pero también puede ser aprovechada por el tentador para desanimarnos, llevándonos a abandonar la oración, la vocación o algún compromiso valioso. Por eso, una regla de oro del discernimiento ignaciano es no tomar decisiones importantes durante momentos de desolación. El Papa lo subraya con claridad: es el tiempo —y no el estado de ánimo pasajero— el que revelará la verdad de nuestras elecciones.
¿Te sientes seca o seco, agotada o agotado, como desconectada o desconectado de Dios? Tal vez no se trate de un abandono divino, sino de una llamada suave a detenerte, escucharte y reconocer cómo el Señor sigue obrando, incluso en el silencio.


